El alquiler de estudiantes siempre ha sido un fenómeno estacional muy marcado: los meses de agosto y septiembre concentraban tradicionalmente la mayor parte de la demanda, coincidiendo con la incorporación a la universidad.
Sin embargo, este verano hemos visto cómo ese patrón ha cambiado de forma significativa. El inicio del curso en septiembre en lugar de octubre, unido a la escasez de oferta y al aumento de precios en el mercado del alquiler, ha provocado que los estudiantes y sus familias hayan tenido que adelantar la búsqueda de vivienda a junio y julio.
Ese adelanto refleja una transformación profunda: cada vez más jóvenes se enfrentan a un mercado con menos opciones y precios cada vez más elevados.
En este contexto, asegurar un piso se convierte en una prioridad que no se puede dejar para última hora. Aunque todavía hay estudiantes que esperan a conocer su plaza definitiva en septiembre, en Alquiler Seguro hemos constatado cómo la mayoría prefiere anticiparse para evitar quedarse sin alternativas.







