Los agentes inmobiliarios se han visto obligados a especializarse
Por tanto, con anterioridad a que se pusiera en boga el término “resiliencia”, los agentes inmobiliarios dedicados a la intermediación de compraventa y alquiler de bienes inmuebles aprendieron a buscar nuevas fórmulas para sobrevivir y a sobreponerse a todo un cúmulo de dificultades que iban apareciendo paulatinamente en el tráfico inmobiliario ante la ausencia de regulación. Ello les obligó a extremar la atención y la precaución en la prestación del asesoramiento, de tal forma que la especialización y la formación en las diferentes vertientes que rodean a cualquier operación -financieras, legales, administrativas- se convirtió en su baza para poder alcanzar la excelencia ante el consumidor. En definitiva, han sido capaces de afrontar una situación adversa, superarla y salir fortalecidos de la misma.
Las diferencias entre autonomías repercuten en consumidores y profesionales
El sistema constitucional de reparto de competencias entre el Estado y las autonomías es evidente que no ha ayudado a mejorar el escenario, pues la competencia de vivienda puede ser desarrollada con amplitud a través de las respectivas leyes autonómicas, acentuándose las diferencias entre zonas geográficas dentro del Estado.
De tal forma que, desde cualquier enfoque con que se analice la situación, la desprotección no sólo existe para el consumidor, sino incluso para el propio profesional. Es cierto que la iniciativa de aprobar registros de profesionales – unos de carácter voluntario y otros de carácter obligatorio – pretende paliar en algo todo este vacío, pero las propias diferencias existentes entre autonomías introducen más dudas que certidumbre en la práctica jurídica.