En lo que llevamos de año, la inversión inmobiliaria ha sido una verdadera carrera de obstáculos. Tras la crisis por la pandemia del coronavirus, y dando la bienvenida al 2022 con la guerra de Ucrania, verdaderamente parecía que el escenario inmobiliario se ponía patas arriba. Por suerte para todos, el inversor entiende que en el banco el dinero no crece, sino que, como poco, pausa su crecimiento.
El inversor inmobiliario de este 2022 se puede comparar claramente con un corredor de obstáculos con 100 kilos a su espalda. La mitad corresponden a la amenaza de un cambio jurídico y una política intervencionista, el resto a un marco inflacionario que ponía en peligro los beneficios. Aquí, los obstáculos son un cambiante entorno macroeconómico en el que la incertidumbre se suma a la subida de tipos de interés que ha encarecido el acceso a la financiación.





