Compartir vivienda puede ser una experiencia atractiva durante una etapa de nuestras vidas, pero difícilmente se puede considerar una expectativa de futuro para la mayoría de nosotros. Cuando uno es joven, disfruta de vivir junto a amigos o compañeros de piso, pero, a medida que crecemos, esta opción se convierte más en una necesidad que en un verdadero deseo.
Compartir vivienda: Una alternativa forzosa para muchos inquilinos
Llega un momento en nuestras vidas en el que lo que más nos apetece es vivir junto a nuestra pareja, nuestra familia o, en su defecto, por nuestra cuenta, pero sin tener que lidiar con los problemas habituales de un piso compartido como el amigo que tiene siempre invitados hasta la madrugada cuando queremos dormir o la compañera a la que se le olvidó esa semana hacerse cargo de sus tareas del hogar.
Es evidente que compartir vivienda no es una opción atractiva a largo plazo. Sin embargo, los altos precios del alquiler y el progresivo incremento del esfuerzo económico que los inquilinos deben hacer para sufragar la renta están empujando cada vez a más personas a convivir junto a otros inquilinos para repartir los gastos y ahorrar un poco más de dinero a final de mes.
Así lo muestra el estudio Situación Sociodemográfica de los Inquilinos en España, elaborado por el Observatorio del Alquiler de la Fundación Alquiler Seguro y la Universidad Rey Juan Carlos. Según este informe, de media, los hogares españoles en alquiler están compuestos por 2,1 inquilinos, con lugares como Barcelona, Baleares o Madrid a la cabeza de esta estadística.
Precisamente es en estas tres provincias donde el precio medio del alquiler es más alto. En Baleares, arrendar una vivienda cuesta de media 1.602 €. Le siguen Barcelona, con 1.598 €, y Madrid, con 1.497 €. Por tanto, es precisamente en los lugares donde vivir de alquiler resulta más caro, donde más inquilinos necesitan compartir piso para hacer frente a los gastos.

Lo interesante de este estudio es que se observa una estrecha relación entre el esfuerzo económico de los inquilinos y el número de personas que comparten una misma vivienda. Así, en las zonas donde los arrendatarios destinan más del 35% de sus ingresos al pago del alquiler, el total de convivientes que contribuyen a sufragar la renta aumenta de forma pareja.
Este dato no es menor. Según organismos como el Banco de España, los inquilinos no deberían dedicar más del 35% de sus ingresos al pago de la renta del alquiler si no quieren ver comprometida su situación financiera en el largo plazo. Sin embargo, hasta en 10 provincias de España, el esfuerzo económico de los arrendatarios se sitúa por encima de esa barrera.
Se trata de lugares como Guipúzcoa, Baleares, Barcelona, Vizcaya, Las Palmas, Málaga, Santa Cruz de Tenerife, Valencia, Madrid y Álava. En todas estas provincias, el alquiler se lleva más del 35% -en algunas, casi el 40%– de los ingresos de los inquilinos. En todas, también, el número de convivientes por vivienda sobrepasa las 2 personas de media.

Por debajo de este porcentaje del 35% del esfuerzo, el número de contribuyentes por vivienda se reduce considerablemente. De hecho, en las provincias donde los inquilinos dedican menos de un 30% de sus ganancias a pagar el alquiler, el tamaño de los hogares oscila entre 1,6 y 1,8 personas que contribuyen a los gastos.
Con estas cifras en la mano, resulta evidente que compartir vivienda es una salida a la crisis de precios, pero no una verdadera aspiración de los inquilinos. La alta demanda y la escasez de oferta siguen empujando los precios al alza, mientras que los ingresos de los inquilinos no crecen al mismo ritmo.
Vivir de alquiler en España es cada vez más difícil para muchas personas. Compartir vivienda no puede ser la solución para todas aquellas personas que no llegan a fin de mes. Urgen medidas eficaces que garanticen el acceso a un hogar para todos y que promuevan la emancipación de los jóvenes y la estabilidad de las familias.
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