Colocar cerámicas sobre suelos existentes es más frecuente de lo que parece. Y son varias las cuestiones que se deben analizar para confirmar si realmente es una opción correcta desde el punto de vista técnico. Vamos a intentar despejar estas dudas.
Resultan muy habituales las consultas de particulares relacionadas con la colocación de un revestimiento cerámico sobre un antiguo revestimiento de otros materiales cerámicos; o bien preguntando por la instalación de terrazo en un proyecto de reforma o rehabilitación.
Fase previa. Es la fase de la comprobación técnica. Para ello:
A) Hay que comprobar que el incremento de la cota del pavimento una vez colocado sea compatible con la edificación. Si no es posible incrementar la altura del pavimento, nos veremos obligados a abandonar esta opción y tendremos que retirar el antiguo pavimento. También se puede valorar la posibilidad de utilizar baldosas de gres porcelánico de bajo espesor.
B) Si la edificación puede asumir el incremento de cota, debemos asegurarnos que el pavimento cumple con todas las características que le exigimos a un soporte de colocación para un pavimento cerámico. Entre ellas:
- Constatar la estabilidad dimensional adecuada, que es lo normal en un pavimento antiguo.
- Comprobar que el estado del pavimento antiguo es óptimo para aplicar la capa del material de agarre, realizando pruebas de tracción y verificando que no existan defectos o huecos. También se debe revisar el estado de las juntas de movimiento o de partición si las hubiera. Igualmente, se debe retirar el antiguo rodapié.
- A continuación, comprobaremos que la planitud y nivelación del antiguo pavimento es compatible con la colocación de un pavimento de gres porcelánico en capa fina. Este requisito estará cumplido si se obtiene una desviación de planitud inferior a 3 milímetros medidos en regla de 2 metros.
- Por último, debemos asegurar que la superficie de colocación tiene la textura superficial adecuada para favorecer una correcta adherencia de los materiales de agarre. Aquí es recomendable dar un pulido sobre el terrado para lograr una superficie con la suficiente rugosidad y textura superficial. Esta operación puede realizarse con medios mecánicos mediante discos abrasivos, o mediante la aplicación de una imprimación adecuada.







