Barreras (y soluciones) para la “eco-revolución” de la reforma y la rehabilitación

Sebastián Molinero
Sebastián Molinero Secretario General de Andimac

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La transición ecológica está llamada a ser una de las grandes protagonistas a partir de 2023. Prueba de ello ha sido la participación de la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, en el lanzamiento de la Alianza Baukultur en Davos, el pasado 16 de enero.

Esta alianza, en la que España participa como miembro fundacional, se posiciona como una iniciativa destinada a promover la cooperación internacional y el buen diseño de las ciudades y los edificios. En este evento, se remarcó el compromiso de fomentar que el urbanismo y la construcción sean cada vez más sostenibles, saludables y de alta calidad.

“Todos los sectores están comprometidos a cumplir con sus retos medioambientales”

Dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, y según publicó el Ministerio de Ciencia e Innovación en el pasado mes de diciembre, se otorgaron 288,6 millones de euros a 1.711 proyectos de investigación en la convocatoria 2021 de Proyectos Estratégicos Orientados a la Transición Ecológica y a la Transición Digital.

Así pues, es evidente que todos los sectores están inmersos en el objetivo de ser más sostenibles, y el de la reforma y la rehabilitación no iba a ser menos. Y no sólo eso. La regulación, los objetivos marcados por las instituciones a nivel de EU y, no menos importante, la identificación de crecientes capas sociales ante los retos medioambientales. La sociedad constituye la demanda y las empresas necesitamos adaptar nuestra propuesta de valor a sus valores dominantes.

“Todos los sectores están inmersos en el objetivo de ser más sostenibles, y el de la reforma y la rehabilitación no iba a ser menos”

Antes de analizar cuáles son los retos a los que nos enfrentamos, y de abordar -alguna de- las medidas que se pueden poner en marcha, conviene recordar algo muy importante que a menudo en el debate se deja de lado. En términos de sostenibilidad, la construcción no es una actividad ineficiente, otra cosa es el parque de viviendas construido en España, de los más envejecidos de Europa y el que lidera la menor tasa de renovación.

Esta salvedad es relevante porque hoy la industria de la construcción, sus soluciones y procesos, incorporan avances técnicos que la impulsan a una posición creadora en materia de sostenibilidad. No olvidemos que a la hora de valorar el grado de sostenibilidad debemos atender a un factor muy relevante: el tiempo de vida de los productos. Y aquí la construcción es imbatible.

Además, una cosa es el parque construido, de los más obsoletos en rendimientos como por ejemplo energéticos. Otra, la naturaleza de lo que se construye actualmente gracias a las exigencias del CTE y los avances en todos los procesos productivos del sector. Y nada, absolutamente nada, sería más insostenible que una política tímida en materia de rehabilitación y reforma una vez finalice la inyección de los Fondos Next Generation.

“El envejecimiento del parque construido agudiza el riesgo de obsolescencia, que representa una enorme amenaza en términos de sostenibilidad; incluso para el país”

El envejecimiento del parque construido agudiza el riesgo de obsolescencia, que representa una enorme amenaza en términos de sostenibilidad. Y me atrevo a decir que incluso es una amenaza para el país.

Es insostenible en el plano medioambiental, por razones obvias; pero también en el plano económico, porque la riqueza de las familias está ligada al destino de su propiedad inmobiliaria, y no cuidarla a partir de cierto momento significará empobrecerse.

¿Cuándo llegará ese momento? Ya está aquí, pero su manifestación es lenta y podemos concretarla en un creciente stock generacional de vivienda. Finalmente, sería insostenible en el plano humano, porque la transferencia intergeneracional de riqueza va a depender del estado de conservación y modernización prestacional de los edificios y viviendas.

“La riqueza de las familias está ligada al destino de su propiedad inmobiliaria, y no cuidarla a partir de cierto momento significará empobrecerse”

¿A qué retos se enfrenta el sector de la construcción?

Dicho esto, nuestro sector tiene sus propias barreras que, obviamente, debemos esforzarnos en superar, o si no es posible, al menos reducir. Una de ellas está relacionada con la falta de renovación generacional, que dificulta la transferencia de valores sociales y, entre otras implicaciones, representa  en determinadas tipologías de obra una barrera para la innovación en productos y sistemas constructivos.

Un sector envejecido está necesariamente menos abierto a la innovación. Y no es ni bueno ni malo, sino una realidad que se asienta en la propia condición humana. El problema real lo encontramos en la falta de relevo generacional y sus consecuencias en el tiempo.

Otro punto que dificulta esta transición ecológica es el relativo a la explosión legislativa que vivimos. Da la impresión de que se impulsan montañas de normas sin atender a la capacidad de las empresas, e incluso sectores, para adaptarse convenientemente. Los excesos regulatorios, y más por la vía de urgencia, son un grave problema para el desarrollo económico que afecta tanto a la competitividad como a la propia seguridad jurídica de las empresas.

“La explosión legislativa que vivimos es un grave problema para el desarrollo económico y dificulta la transición ecológica”

La falta de mano de obra suficiente y bien cualificada, y la necesidad de garantizar determinados niveles de calidad, están directamente relacionadas con el giro hacia la industrialización al que asistimos en procesos constructivos.

También hay que considerar que gran parte de la actividad en construcción no es industrializable de modo eficaz. Muy en especial las más “artesanales”, como son determinados proyectos y en general actuaciones de rehabilitación y reformas.

Desde el punto de vista de la sostenibilidad en general, y de la circularidad en particular, en estos segmentos el reto es mayor. A nivel de unidad de obra no, pero en volumen agregado rehabilitaciones y reformas, así como pequeñas y medianas construcciones en general, acumulan el mayor impacto en la generación de residuos. Aquí descubrimos que el sector de la construcción tiene un activo invisible cuyo valor, bien gestionado, es enorme.

Pues bien, en el sector de la construcción existe la figura del distribuidor profesional, y es uno de los pocos sectores con una “logística de última milla”. Entre otras tareas, esta distribución es la que dispone de logística para transportar y suministrar los materiales en cualquier punto de una ciudad o pueblo.

En rehabilitación esta tarea es crucial porque permite reducir los tiempos de “corte” de vías públicas, así como solucionar el problema de la ocupación de vías públicas para acumular productos, con los efectos colaterales que todo ello puede conllevar, incluso de seguridad.

“Conviene remarcar la importancia que tiene que los consumidores sean exigentes y estén bien informados, pues esto es una garantía para la calidad”

Y esta logística, si se plantearan modelos bien organizados en la cadena de valor, tiene un potencial enorme para hacer realidad la circularidad. Es decir, generando valor tangible para todos los operadores. La mala noticia en un país tan individualista sólo es posible (hacerlo bien) mediante modelos colaborativos.

Por último, pero no menos importante, conviene remarcar la importancia que tiene que los consumidores sean exigentes y estén bien informados, pues esto es una garantía para la calidad, es ley de mercado. El grado de desconocimiento de los promotores de las obras de rehabilitación y reforma, que somos los consumidores, respecto a los productos de construcción dificulta la elección de materiales más sostenibles y de mejores prestaciones.

Al contrario de lo que sucede con productos de consumo donde los usuarios cada vez somos más selectivos porque estamos familiarizados con ellos y los conocemos, el desconocimiento es una barrera a la hora fijar criterios de selección en los materiales y sistemas para realizar mejoras en las viviendas, por lo general. Además, los prejuicios sociales respecto a la construcción también condicionan la exigencia, ya que las expectativas son bajas.

El sector de la reforma y la rehabilitación se enfrenta a una “eco-revolución” que resultará determinante para la transición ecológica

En resumen, con seguridad el sector de la reforma y la rehabilitación se enfrenta a una “eco-revolución” que, en última instancia, resultará determinante para la transición ecológica en torno a la que pivotará nuestro futuro como sociedad.

Y en un modelo de circularidad bien planteado, capaz de integrar a todos los agentes de la construcción, la distribución profesional de materiales presenta un valor de base único para impulsar esta transformación. Modelos como Clean Site en Bélgica así lo confirman.

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