Oficialmente ya estamos en verano. Aunque hace una semana hayamos pasado la mayor ola de calor en toda la península y hayamos disfrutado la piscina como nunca, las temperaturas han bajado y no podemos olvidarnos de los inconvenientes que se producen.
El viento se convierte en nuestro mayor enemigo, ya que hace volar toda la suciedad o polvo de las carreteras o aceras y acaba dentro de la piscina o por ejemplo hay más probabilidades de que en el agua salgan algas o microorganismos, por los enormes y repentinos cambios a los que se enfrenta la piscina. Ambos problemas debemos de tratarlos cuanto antes para evitar que aumenten y empeoren, ya que cualquiera de ellos puede desplazarse hasta el interior del sistema.
Al mismo tiempo, debemos tener en cuenta que los niños y algunos adultos han comenzado la jornada reducida. Esto significa que las tardes y los fines de semana la zona de la piscina se llena. Unos aprovechan para bañarse, otros a tomar el sol, a leer…
Durante el año, las piscinas se mantienen cerradas y tendemos a cuidarlas menos pensando que con los productos que se vayan echando de vez en cuando será suficiente. Pero no, todo lo contrario, esto hace que el vaso de la piscina se deteriore, comience a agrietarse y empiecen a salir los problemas de golpe, porque la piscina no avisa, se rompe y hay que hacer frente al problema cuanto antes.
Cuidar la piscina no se trata únicamente de que el agua luzca limpia, sino de que lo esté y sobre todo que esté adaptada a nuestras necesidades.





