Algunos ejemplos son:
- Inmuebles procedentes de bancos, tras una ejecución hipotecaria.
- Viviendas ocupadas, donde es necesario llegar a acuerdos o resolver la situación legal.
- Subastas judiciales, que permiten comprar propiedades a precios competitivos.
- Cesiones de remate, cuando el ganador de una subasta transfiere su derecho a un tercero.
- NPLs (Non-Performing Loans), préstamos impagados respaldados por inmuebles.
En todos estos casos, la clave está en detectar la oportunidad y calcular bien los riesgos.
¿Son realmente rentables?
Invertir en este tipo de propiedades puede ser muy rentable, siempre que se haga con planificación. Comprar un inmueble por debajo del precio de mercado abre distintas posibilidades:
- Revenderlo una vez regularizada la situación, obteniendo un beneficio.
- Alquilarlo, generando ingresos recurrentes.
- Recuperar el crédito en el caso de los NPLs, consiguiendo un retorno según la diferencia entre lo pagado y el valor final del activo.
Eso sí: no basta con comprar barato. Cada operación necesita un análisis detallado para evitar sorpresas.
Qué tener en cuenta antes de invertir
Antes de dar el paso, conviene revisar algunos aspectos clave:
- Situación legal: comprobar si existen cargas, deudas o litigios.
- Ocupación: identificar si la vivienda está habitada y qué vías hay para resolverlo.
- Riesgos judiciales: posibles procesos que alarguen la operación.
- Costes adicionales: reformas, impuestos, comunidad o mantenimiento.
- Tiempo de gestión: cuánto se tardará en disponer del inmueble para venderlo o alquilarlo.
Este tipo de inversiones requieren tiempo, conocimiento y, en muchos casos, apoyo profesional.
El valor de los profesionales
La experiencia demuestra que la diferencia entre una buena operación y un error costoso suele estar en contar con el equipo adecuado. Perfiles como:
- Abogados especializados en derecho inmobiliario, que revisan expedientes y participan en subastas.
- Gestores sociales, esenciales en casos de ocupación.
- Empresas de reformas, que ponen el inmueble a punto para el mercado.
- Tasadores y arquitectos, que valoran el estado real y los costes asociados.
Apoyarse en especialistas aporta seguridad y aumenta las probabilidades de éxito.
El precio lo es todo
Un error frecuente es pensar que cualquier inmueble procedente de banco o subasta es una ganga. El precio inicial puede resultar atractivo, pero si no se calculan bien los gastos extra, la rentabilidad puede evaporarse.