Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

¿Sabías que las humedades y filtraciones son las patologías más frecuentes en un edificio? Según recoge el III Análisis Estadístico Nacional sobre Patologías en la Edificación elaborado por la Fundación MUSAAT, este tipo de problemas representa cerca del 29% del total de las patologías que puede sufrir una vivienda.

Para darle una solución eficaz y a largo plazo, lo más importante es identificar el problema y ponerse en manos de un experto.

¿Qué tipos de humedades existen y cómo las solucionamos?

En general podemos distinguir distintos tipos de humedades: la circunstancial, la atmosférica, la capilar y la provocada por las filtraciones del agua exterior.

Humedad circunstancial

Está provocada por la fuga de una tubería, por una inundación o por el deterioro del edificio. Se distingue y localiza fácilmente por la proximidad a una tubería, que seguramente se ha perforado. El remedio es sencillo, pues basta con reparar la zona que produce la fuga. Cuando las fugas aparecen por varias zonas del edificio, se trata generalmente de tejas rotas, de bovedillas agrietadas, de fisuras en las paredes o de una degradación de los enfoscados. El remedio será, en cada caso, sustituir las piezas rotas, sellar las fisuras o enfoscar las zonas dañadas.

Humedad atmosférica

Esta, sin embargo, es consecuencia del grado de humedad del aire exterior o interior. Los periodos de fuertes heladas en invierno, seguidos por un cambio brusco de temperatura exterior y unidos al aire húmedo, hacen que sobre todo en las viviendas que permanecen cerradas (como las segundas residencias), se mantenga en su interior gran cantidad de humedad. La solución es bastante sencilla: debe calentarse la casa con radiadores, manteniendo puertas y ventanas cerradas hasta conseguir un ambiente más seco.

humedad en el hogar

Humedad capilar

Se detecta por su presencia continua en las paredes, desde el suelo hasta una altura aproximada de un metro. Aparece con más facilidad en materiales porosos que absorben el agua directamente del suelo. En el caso de la humedad producida por capilaridad, la solución más acertada es evitar su ascenso, impermeabilizando la superficie o los cimientos, realizando una doble pared o utilizando sifones atmosféricos.

Humedad por infiltraciones

Está provocada por lluvias, por corrientes subterráneas o capas de agua a poca profundidad. Este tipo de humedad se resuelve ejecutando un drenaje en el terreno circundante al edificio, con tuberías de drenaje con una mínima pendiente dirigida a un sumidero, y rellenando la zanja con grava y arena de río para facilitar la conducción del agua a la tubería.

Humedad higroscópica

Aparece cuando un revestimiento se ve sometido a los efectos de la humedad durante algún tiempo. Por ejemplo, en zonas donde ha habido goteras, estas se han ido cargando de sales que, una vez que se ha secado el soporte, quedan ahí. Estas sales absorben con más facilidad la humedad, dando la impresión de existir de nuevo una gotera. La solución es picar y enlucir de nuevo el revestimiento.

Humedad por condensación

Está provocada por el fenómeno causado entre las diferencias de temperaturas frías del exterior, normalmente en invierno, y las del interior de las viviendas, a causa de las bajas temperaturas y el aumento de la humedad. Para evitar este tipo de humedades es recomendable mantener una adecuada ventilación de la estancia, generalmente con sistemas de ventilación forzada o algunas pinturas especiales que eviten la generación de mohos y hongos.

En cualquier caso, siempre recomendamos contar con el asesoramiento de un experto en la materia, que nos ayude a identificar el problema y a darle la mejor solución atendiendo a las peculiaridades de cada vivienda, así como a la zona donde se ubica.