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Los grafitis, como una nueva forma de manifestación artística, han ayudado a la transformación de los usos urbanos, pero dan más que un quebradero de cabeza a las comunidades de vecinos, propietarios de viviendas y locales y las Administraciones, cuando solo se trata de pintadas sin contenido ni mensaje.

Unos y otros deben proceder frecuentemente a la limpieza de fachadas y mobiliario urbano para eliminar estos grafitis y devolver, en la medida de lo posible, el aspecto original de los elementos urbanos. Se calcula que el coste soportado, solo en Madrid, para suprimir las pintadas superó los 10.000 euros al día en 2019.

Las empresas fabricantes y suministradoras de productos químicos, conscientes de la trascendencia y de los recursos que se dedican a reparar y recuperar el estado original de edificios privados y públicos, de los equipamientos sociales, e incluso de los medios de transporte, como los vagones de tren, han desarrollado nuevos productos. 

Su eficacia depende tanto del material con el que se han realizado las pintadas como de las características del soporte sobre el que se han realizado.

Hay que considerar que la dificultad de su eliminación aumenta cuando el material es poroso, como en el caso de algunas piedras naturales o revestimientos a base de morteros monocapa o revocos con texturas irregulares, en los que puede resultar más fácil la penetración de la pintura. Por ello hay que proceder de distinta manera cuando, por ejemplo, los grafitis están sobre ladrillo que sobre mármol.

limpiador de grafitis

Los materiales de limpieza incorporan lacas protectoras o de recubrimiento, a base de resina producidas a partir de materias primas cuyos componentes son capaces de oponer resistencia a los grafitis y facilitar su limpieza, sin deteriorar la base de la pared o fachada.

Cuentan también con la característica de ser resistentes a los agentes químicos, a los disolventes y a la luz, al tiempo que suelen proporcionar una mejor defensa frente a la erosión por la acción combinada del viento y la lluvia.

Sin embargo, en muchas ocasiones la aplicación de estos productos no produce una absoluta limpieza del grafiti, del que queda una ligera huella o velo, o bien, cuando se consigue su eliminación, se produce una desigualdad cromática o de textura entre la zona intervenida y el resto de la fachada o del mobiliario, y ello pese al elevado coste de limpieza.

Para evitar la necesidad de realizar estas intervenciones durante la vida del edificio, en los últimos años se viene implantando la incorporación de tratamientos preventivos, como la aplicación de microceras en base de agua sobre los acabados superficiales de las fachadas y elementos exteriores de los edificios. De esta forma, el edificio queda protegido contra la realización de pintadas, impidiendo que las mismas se adhieran de forma consistente al soporte, y facilitando así su limpieza por medios convencionales, con un chorro de agua caliente a presión.