Para esto, sí que el cliente debe cumplir una serie de requisitos, entre los que estarían que la cuota de la hipoteca superara el 50% de los ingresos netos familiares, es decir, de lo que ingresa toda la unidad familiar (incluido el titular del préstamo hipotecario) cada mes; o haber sufrido una alteración significativa de la situación económica en los cuatro años anteriores a la solicitud.
¿Cuándo es más beneficioso pedir un periodo de carencia?
Cualquier otro cliente que quiera pedir un periodo de carencia, debe calcular si le sale rentable o no y cuándo es el mejor momento para hacerlo: quizá alivia su economía solo unos meses después y la empeora considerablemente. Por ello, lo ideal es que, quien quiera pedir un periodo de carencia, tenga claro que, cuando vuelva a pagar su hipoteca, su situación financiera será mejor que cuando dejó de pagarla para no contraer una deuda mayor con la entidad financiera.
Y es que pedir un periodo de carencia conlleva unos costes adicionales, ya que implica hacer una novación de la hipoteca. Si la hipoteca se firmó después de la entrada en vigor de la Ley Hipotecaria de 2019, será el banco quien tenga que pagar la mayor parte de los gastos (notaría, registro, gestoría e Impuesto sobre Actos Jurídicos Documentados (IAJD)). Sin embargo, el cliente deberá hacer frente igualmente al coste de tasación (unos 300 euros) y a la comisión por novación (entre el 0,5% y el 0,1%) si este cargo aparece en la escritura original de la hipoteca. Eso sí, si el periodo de carencia va incorporado en la oferta hipotecaria, no tendrá coste.