De acuerdo con el análisis de Fotocasa Research sobre la «Situación del mercado de obra nueva en 2023», el principal motivo de los compradores que prefieren obra nueva es no tener que hacer reformas para entrar a vivir, además de su eficiencia energética.
Otra de las grandes ventajas de este tipo de viviendas es que suelen venderse sobre plano, lo que da la posibilidad de pagar en distintos plazos el valor de la entrada de la propiedad.
En primer lugar, se abona la reserva del inmueble (entre 3.000 y 10.000 euros); a la firma del contrato de compraventa, se abona el 10% del valor del piso (incluyendo la reserva); durante la edificación, se paga otro 10% en diferentes pagos pactados y, finalmente, una vez construida la vivienda, se debe abonar el 80% restante, la cantidad que habitualmente suele financiarse a través de una hipoteca para obra nueva.
¿Cómo son las hipotecas para obra nueva?
Las hipotecas para financiar viviendas de obra nueva pueden solicitarse en el momento en el que la constructora informa de la fecha final de obra. Llegado ese momento, los compradores tienen dos opciones:
- Contratar una hipoteca para obra nueva en una entidad bancaria.
- Optar por la subrogación de la hipoteca del promotor. Esta alternativa puede suponer un ahorro para los adquirientes, ya que al decidir subrogarse a la hipoteca de la promotora inmobiliaria, «heredando» parte del préstamo que contrataron para la construcción del edificio, evitan ciertos gastos como la comisión de apertura o la tasación del inmueble.








