Todavía hoy el estilo industrial se considera el estilo decorativo de los artistas, por excelencia. Y a juzgar por las pinturas y las obras que imperan en esta vivienda, podríamos decir que en ella viven o han vivido artistas durante mucho tiempo.
La diafanidad y la luz que reinan en este loft contrastan con otro de sus estilos decorativos: el barroco. Y es que, al contrario del industrial, esta corriente se caracteriza por adornar las viviendas de forma recargada, especialmente mediante el mobiliario y las piezas decorativas. Así, el estilo barroco, vinculado desde la Edad Media a las clases altas de la sociedad, pretende romper con las líneas rectas para estimular los sentidos mediante curvas y remates sofisticados.
En este loft, el estilo barroco se hace especialmente presente en las coloridas cortinas de terciopelo, los espejos y los cuadros con remates dorados, los sofás, los sillones y las consolas de formas sinuosas, y las lámparas de araña.
Finalmente, dos estilos más se abren paso tímidamente en este loft: el moderno y el rústico. De hecho, en la actualidad se ha creado lo que muchos conocen como estilo rústico moderno, que tiene cabida en cualquier vivienda actual, como la que nos ocupa. Y es que, como podemos contemplar, en ella también imperan las líneas limpias, sobrias y funcionales, especialmente en el área de la cocina.
El estilo rústico se ha relegado a otras partes menos visibles de la casa, como las tres habitaciones y los tres baños con los que cuenta. En ellos, las paredes de piedra se muestran descubiertas, así como las vigas de madera del techo, los jarrones de barro y las losas de la pared.
Todos los rincones de la vivienda son exquisitos. Sin embargo, algunos destacan más que otros, por su originalidad, como el sótano, que alberga una completa bodega, o el salón comedor, en el que se emplaza lo que podríamos describir como un museo subterráneo acristalado, con figuras de la saga Star Wars.
El loft, que se encuentra en el corazón del casco antiguo de Barcelona, junto al Soho House y rodeado de edificios históricos, se emplaza en la casa del siglo XIV del rabino Xemuel ha-Sardí, como se puede leer en la placa en la entrada y como se puede consultar en el Museo de Historia de Barcelona.
Desde una terraza comunitaria perfectamente equipada y situada en la azotea se puede contemplar casi toda la Ciudad Condal. Sólo por ello, vale la pena visitar este magnífico loft, a la venta por 1,6 millones de euros.
La casa más curiosa de noviembre: una masía centenaria en el Parque Natural de la Zona Volcánica de La Garrotxa
Esta masía centenaria conserva todas las características de las casas tradicionales catalanas, cuyos orígenes se remontan al siglo IX y que se hicieron especialmente populares en Cataluña, parte de Aragón y el sur de Francia. Todas ellas se construyeron para llevar a cabo labores agrícolas y ganaderas en todo el territorio del antiguo reino de Aragón.
Su función fue tan determinante que su tradición sigue todavía vigente y muchas de ellas siguen teniendo la misma importancia y se usan para lo mismo: la agricultura y la ganadería. La que hoy analizamos conserva este carácter tan único de las masías, y en todos sus rincones se respira ese carácter tradicional y familiar.
De hecho, desde la Edad Media, los derechos de las tierras se transmitían de generación en generación, y con ellas, estas construcciones que, sin embargo, se fueron reinventando y modernizando, pero sin perder su esencia, tal y como muestra la vivienda que hoy nos ocupa, que fue restaurada en el año 2006.
Las masías catalanas son, por lo tanto, la máxima expresión de la arquitectura rural de la zona. Esta, en concreto, tiene además un carácter muy tradicional que primó en su reconstrucción, en la que se mantuvo su estructura tanto interior como exterior Así, sus 1.360 metros cuadrados, se dividen en cuatro dormitorios, numerosas salas comunes, siete baños, y una piscina interior climatizada con sauna; todo con magníficas vistas pero manteniendo su privacidad en todas las estancias. Y es que está rodeada por un terreno de más de 50.000 metros cuadrados, en el que se aprovechó para construir un helipuerto, campos de golf privados y un garaje para albergar hasta siete coches. Completan el espacio dos amplios campos de cultivo agrónomo y una casa de invitados de 150 metros cuadrados, completamente independiente de la vivienda principal.