¿Qué es el régimen de custodia compartida y cómo influye en el uso de la vivienda?
Cuando hablamos de custodia compartida, nos referimos a un modelo en el que ambos padres comparten por igual los derechos y responsabilidades sobre sus hijos tras una separación o divorcio.
Según el Artículo 92.5 del Código Civil, la custodia compartida “Se acordará el ejercicio compartido de la guarda y custodia de los hijos cuando así lo soliciten los padres en la propuesta de convenio regulador o cuando ambos lleguen a este acuerdo en el transcurso del procedimiento”.
Es decir, es un enfoque que busca que los hijos puedan convivir periodos similares con cada uno de los padres, lo que suele organizarse por semanas, quincenas o incluso días alternos según las necesidades de la familia. No es un sistema rígido: lo importante es adaptar la rutina a lo que mejor funcione para los niños.
En cuanto al uso de la vivienda familiar en caso de custodia compartida, supone un gran reto logístico a la hora de dividir la vivienda. Por eso, cada familia debe negociar cómo organizar ese reparto del hogar, pensando en la estabilidad de los niños y la mejor manera de preservar su bienestar.
En ocasiones, se recurre al modelo conocido como “casa nido”, donde los hijos permanecen en un mismo hogar y son los padres quienes se turnan para estar con ellos en esa vivienda. Aunque es una opción interesante, no siempre resulta práctica, ya que cada progenitor necesita tener un espacio alternativo para cuando no está en casa.