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Buenas, accesibles y sostenibles. Lejos quedaron los tiempos en los que los diseños vistosos eran una de las prioridades a la hora de construir una vivienda. A la gestión del espacio, las normativas de seguridad y salud se han unido en los últimos años la sostenibilidad y la eficiencia energética, que ya es un pilar básico a tener en cuenta en la construcción de nuevas viviendas.

El mayor interés y concienciación de la población por el futuro del planeta y un modo de vida sostenible han ido modificando la oferta del sector, que se ha adaptado a estas demandas, al igual que la legislación tanto europea como española.

Fruto de ello nacen las nuevas regulaciones en materia de sostenibilidad, que son de obligado cumplimiento para las obras nuevas y rehabilitaciones en España

El Código Técnico de Edificación afecta a todos los edificios de obra nueva

Transponiendo una directiva europea, el Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana (Mitma) aprobó el pasado septiembre el nuevo Código Técnico de la Edificación (CTE) que afecta a todo edificio de nueva construcción que solicite licencia.

El CTE es un documento muy amplio que aglutina todos los estándares que los edificios de nueva construcción deben tener a través de unos documentos básicos. Así, desde la normativa de incendios y de seguridad a las exigencias de salubridad del edificio tienen su propio documento.

energía renovable en viviendas

La novedad de la normativa que introdujo el Mitma en septiembre es que se actualiza el Documento Básico de Ahorro de Energía (DB-HE), los edificios nuevos y las rehabilitaciones deban incluir en sus proyectos la necesidad de reducir el consumo energético y la incorporación de energías renovables y mitigar así las emisiones de gases como el CO2.

¿En qué consiste la nueva regulación?

La base de la vivienda sostenible es la maximización de la eficiencia energética sobre dos pilares: la eficiencia en el diseño energético y la reducción del consumo de energías no renovables.

La eficiencia en el diseño se traduce en que todos los proyectos se deben formular en base a criterios de eficiencia y no estéticos. Las medidas y las formas del edificio deben, por lo tanto, estar diseñadas para consumir la menor energía posible. Esto se traduce en paredes térmicas y una mejor distribución para que se gaste menos luz, calefacción o aire acondicionado.

Por último, la normativa incluye la necesidad de que la mayor parte de la energía que use el edificio sea renovable. Esto significa que la energía no renovable, como la de combustibles fósiles, sólo puede abarcar como mucho la mitad del consumo del inmueble, aunque esta norma se matiza para zonas climáticas que no se pueden adaptar a ello.

Para generar este abastecimiento, los edificios tienen dos opciones: o bien generar su propia energía con el uso de placas solares u otras energías renovables o aprovecharse de fuentes cercanas al edificio.