Esta reconversión implica un cambio de enfoque: mientras que Sepes se encargaba principalmente de facilitar terrenos para desarrollos urbanísticos, la nueva Empresa Estatal de Vivienda tendrá un rol mucho más activo en la planificación y construcción de inmuebles. Se espera que este cambio agilice los procesos burocráticos y permita que los proyectos de vivienda social se ejecuten con mayor rapidez.
Además, se prevé que la entidad actúe como intermediaria entre promotores privados y administraciones locales, asegurando que las nuevas viviendas cumplan con criterios de accesibilidad y sostenibilidad.
Para lograrlo, será fundamental que esta nueva entidad mantenga una gestión transparente y eficiente, evitando retrasos y posibles problemas administrativos. También será clave la participación de diferentes actores, desde ayuntamientos hasta promotores privados, en el desarrollo del parque de vivienda pública.
Esta medida tiene el objetivo de mejorar el acceso a la vivienda en un momento en el que el mercado se encuentra en un contexto de demanda creciente y precios elevados.
A través de esta planificación estratégica del suelo público, se busca ofrecer opciones asequibles a aquellos que más lo necesitan. Esta nueva entidad tiene el potencial de transformar el mercado de la vivienda, haciendo frente a uno de los principales retos sociales de nuestro país.
A medida que la Empresa Estatal de Vivienda avance, veremos si consigue transformar el mercado y ofrecer soluciones reales a la crisis habitacional en España. Sin duda, se trata de una apuesta ambiciosa que podría cambiar la forma en que se concibe la vivienda pública en nuestro país.