Tareas domésticas repartidas en el piso compartido
Aunque depende mucho del grupo, en general, todo lo que tenga que ver con la limpieza del piso se reparte, lo que reduce nuestra carga individual.
Además, tener una correcta organización de tareas junto a unas normas comunes ayuda a mantener la casa en buen estado sin que toda la responsabilidad recaiga sobre una sola persona.
Acceso a una ubicación más céntrica
Al dividir los gastos, podemos optar por zonas más caras o mejor conectadas y disfrutar de los beneficios de las llamadas Ciudades de 15 minutos. Al tenerlo todo más cerca mejora nuestra calidad de vida, evitando desplazamientos innecesariamente largos o barrios mal comunicados.
Es mucho más fácil poder hacer una selección de zonas que nos interesen, por ejemplo más cercanas a nuestro trabajo o centro de estudios o incluso cerca de nuestra familia o conocidos.
Posibilidad de mejorar nuestras habilidades sociales
Convivir nos obliga a tener unas normas básicas de convivencia que nos ayudan a ser más tolerantes con el resto, pero además se refuerzan otros aspectos.
Vivir una experiencia compartiendo vivienda nos ayuda a comunicarnos mejor, negociar, respetar el espacio ajeno y adaptarnos a otras formas de vida.
Son habilidades que luego aplicamos en otros contextos: trabajo, pareja, familia… y nos ayudan a mejorar como persona, reforzando las conocidas soft skills (cada vez más valoradas en muchos de nuestros ámbitos diarios).