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Olvidémonos un momento de las pasarelas y las teorías estéticas. Las tendencias reales para 2025 y 2026 no nacen en Pinterest, sino en lo que nos piden los clientes cuando nos sentamos a hacer su proyecto. Y el mensaje que estamos recibiendo es clarísimo: se acabó la dictadura de la estética pura. 

Después de unos años de probar modas pasajeras, hemos aprendido la lección. Ahora, reformar va de invertir en materiales que no te den disgustos dentro de cinco años y en distribuciones que funcionen un martes por la tarde, no solo en la cena de Navidad. 

 

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Estas son las claves que estamos viendo a pie de obra. 

LO QUE ENTRA: La casa vivida (y práctica) 

La «semicocina»: ni contigo ni sin ti

Seamos sinceros: la cocina abierta queda espectacular, pero freír pescado o poner la licuadora con la tele puesta no es para todo el mundo. ¿La solución que está arrasando? La flexibilidad. Ya no tiramos tabiques a lo loco; instalamos cerramientos de vidrio o puertas correderas tipo granero o escamoteables. Queremos luz y conexión visual, sí, pero también queremos poder cerrar la puerta cuando hay ruido o humo. Es la evolución lógica del open concept

Materiales que perdonan el paso del tiempo

La pregunta del cliente ha cambiado. Ya no es «¿cuál es más barato?», sino «¿cuál se limpia mejor?». 

  • El rey es el porcelánico XL: Las baldosas de gran formato (120×120 o más) se imponen por una razón muy simple: menos juntas significan menos suciedad.
  • El microcemento, con cuidado: Seguimos usándolo, pero ya no para todo. Se reserva para zonas donde brilla estéticamente, siempre en tonos cálidos y aplicado por manos expertas, porque nadie quiere grietas a los dos años. 
  • Madera real (o imitaciones perfectas): Necesitamos tocar texturas. Lo liso y brillante nos resulta frío. 

Adiós al blanco nuclear: vuelven los tonos «sucios»

El blanco puro refleja mucha luz, pero también es frío y muy chivato con las manchas. Estamos virando hacia los tonos arena, arcillas, beiges y verdes muy lavados. Son colores que «abrazan», que hacen que la casa parezca amueblada aunque esté vacía y que disimulan mucho mejor el polvo del día a día. 

El baño sin escalones

Esto ya no es una tendencia, es un estándar. Nadie quiere levantar la pierna para entrar en la ducha. Los platos a ras de suelo (o continuos con el mismo suelo

del baño) no solo son una cuestión estética para que el baño parezca más grande, son una inversión en seguridad y accesibilidad futura. 

La inversión invisible

Antes, el presupuesto se iba en la encimera más cara. Ahora, el cliente prefiere gastar en lo que no se ve: un buen aislamiento en las ventanas, aerotermia o sistemas de iluminación inteligente. La tecnología en 2026 no es tener una nevera con pantalla, es que la casa gaste menos energía sin que tú tengas que hacer nada. 

LO QUE SE VA: Errores que no queremos repetir 

Si estás pensando en reformar, te recomendamos huir de estas ideas que ya huelen a pasado: 

  • El «gris promotor»: Ese gris medio que se puso en todas las casas nuevas entre 2015 y 2020. Ha cansado muchísimo. Resulta impersonal y de oficina. Si quieres gris, vete al greige (mezcla con beige) o a tonos piedra. 
  • La cocina de exposición: Esas cocinas llenas de vitrinas, baldas abiertas y tiradores complejos. Quedan bien el primer día, pero mantener el orden visual es un castigo. Ahora buscamos frentes limpios, armarios de suelo a techo y electrodomésticos integrados. Cuanto menos ruido visual, mejor. 
  • Reformar solo para «ahora»: Tirar un dormitorio porque «ahora no lo uso» o hacer un baño sin pensar en la movilidad reducida. Las casas rígidas se quedan obsoletas muy rápido; las que permiten cambios de uso son las que sobreviven. 

La gran tendencia para 2026 no es un color ni un mueble. Es el sentido común. Reformar con cabeza significa crear espacios que envejezcan con dignidad y que te hagan la vida más fácil. Porque al final, una casa no es un museo; es para vivirla.