Aunque, como se ha explicado, la LAU marca las obligaciones generales, no define de forma concreta qué se entiende por “pequeña” o “gran” reparación.
En la práctica, los tribunales suelen usar un criterio económico que viene basado en la jurisprudencia:
- Si el arreglo tiene un coste inferior a unos 100 o 125 euros, se considera una pequeña reparación, y normalmente, en estos casos, la paga el inquilino.
- Si el importe supera esa cifra, se entiende que la avería es más grave y, por tanto, el casero debe hacerse cargo.
Esta referencia no es una norma rígida, pero ayuda a orientarse cuando surgen conflictos.
Por ello, es muy aconsejable que en el contrato de alquiler se aclare expresamente esta situación, con una cláusula de reparaciones, indicando que el inquilino asumirá los arreglos cuyo coste no supere, por ejemplo, el 20 % de la renta mensual, mientras que el resto grandes gastos o reformas corresponden al propietario.
En el caso de la caldera, el coste de reparación suele ser elevado, por lo que, si se estropea la caldera, quien debería pagar sería el casero.
¿Qué pasa si el casero no quiere reparar la caldera? Resolver el conflicto y reclamar
Qué pasa si el casero no quiere cambiar la caldera. Lo ideal es intentar resolver la situación sin complicaciones legales innecesarias.
Es fundamental saber cómo solicitar al casero una reparación en el piso de alquiler. Para ello debemos comunicar la avería de forma documentada.
Por ejemplo, con un correo electrónico, para dejar constancia de la solicitud. En el cuerpo del mensaje se debe describir el problema, indicar desde cuándo existe y, si es posible, adjuntar fotos o informes técnicos.
Esto es útil para tener clara la responsabilidad de quién paga si se estropea la caldera, ya que según la LAU, se debe facilitar que el propietario o los técnicos designados verifiquen la avería.