De hecho, ya hay ciudades con gran capacidad de atracción poblacional y de fuerte expansión turística que van liderando la llegada a precios máximos, superando los registros de hace 15 años y marcando nuevos récords de precio.
Grave desequilibrio entre oferta y demanda
En estos momentos, el mercado llega a un punto de tensionamiento muy elevado, marcado por el incremento de la demanda y la escasez de oferta. El aumento en la demanda estará impulsado por dinámicas como el crecimiento poblacional con un especial aumento en los flujos migratorios, al creciente foco inversor, a un mayor peso del turismo residencial que compra vivienda y al cambio de la sociedad hacia más hogares unipersonales.
De hecho, la creación de hogares (en torno a 300.000) está un 40% por encima de las viviendas producidas anualmente (casi 100.000 unidades). Todo ello, generará una presión adicional sobre los precios, que mantendrán la tendencia al alza en 2025 con ritmos de subida significativos de alrededor del 7%.
Drama habitacional en el alquiler por la escasa oferta
El mercado del alquiler atraviesa uno de sus momentos más complicados. Las dos partes fundamentales que lo conforman se encuentran cada vez más distanciadas. Los inquilinos representan el 80% de la participación, mientras los propietarios tan solo el 16%. Esta situación se traduce en un considerable desequilibrio entre demanda y oferta. Nunca el alquiler había atravesado una crisis de oferta tan severa.
El stock disponible se encuentra bajo mínimos, lo que supone un gran obstáculo para casi el 60% de inquilinos. Esta casuística tiene como resultado un mercado extremadamente compacto en el que hay poca rotación de inquilinos, donde se alarga el proceso de búsqueda y al que cada vez es más difícil acceder por los altos requisitos de entrada.
El precio del alquiler se mantiene con perspectiva de riesgo
El precio del alquiler volverá a marcar un nuevo máximo a finales de año. Será una cifra por encima de los 13 euros el metro cuadrado y con pronóstico de subida por encima del 10% anual, aunque debido a la rigidez existente en los precios, el aumento en 2025 podría rondar el 7%.
El alto precio del alquiler está causando dos tendencias: la primera es la expulsión del mercado de los inquilinos con rentas más bajas, que en muchos casos desechan la idea de emanciparse; la segunda es el aumento de la demanda de habitaciones en viviendas compartidas como solución habitacional al no poder hacer frente al precio de una vivienda completa y rebajar así la tasa de esfuerzo salarial.
La ley de vivienda no ha mejorado la accesibilidad
Cuando se cumple un año y medio de la entrada en vigor de la ley por el derecho a la vivienda, el balance es desfavorable. El error de diagnóstico en el proceso y la falta de consenso con la otra parte fundamental del mercado (la de la oferta, en la que se sitúan los propietarios privados) crea descontento y preocupación en el mercado de la vivienda.
El arrendamiento se ha transformado por completo, debido a la intervención en el tope de actualización de las rentas en 2023 y 2024, que ha limitado la rentabilidad de los inmuebles desincentivando a los propietarios a mantener sus viviendas en el régimen de alquiler residencial habitual.
Se ha producido un claro trasvase a otras modalidades de alquiler como el temporal, que ha aumentado un 55%, o el turístico, que ha crecido un 40%. Además, las nuevas regulaciones previstas mantendrán la incertidumbre y el clima de inseguridad jurídica y de inestabilidad en un mercado extremadamente volátil.
2025: expectativas positivas con la escasez de oferta como obstáculo
A pesar de las tensiones, el mercado inmobiliario no muestra señales de burbuja, porque el sector bancario se ajusta prudentemente a la nueva política económica. Sin embargo, el incentivo de rebaja de los tipos interés y el progresivo descenso del Euríbor fomentan el aumento de la demanda que continuará siendo robusta y consistente.
Esta situación, frente a una oferta disponible cada vez más reducida, ocasionará la persistencia de los precios al alza, lo que complica aún más el acceso a la vivienda. Una de las principales preocupaciones de nuestra sociedad.
Este gran esfuerzo económico puede llegar a desincentivar a muchos compradores, que asumirán que el ritmo de desescalada de los tipos no es suficiente, para compensar el rápido incremento del precio de la vivienda. Aun así, las expectativas para 2025 son optimistas, aunque condicionadas por la necesidad de abordar los problemas de oferta y de accesibilidad a la vivienda.