Tras una separación, reinventar la vida familiar puede ser un reto tanto emocional como financiero. Sandra, una madre que se encontró lidiando con el alto coste del alquiler en Madrid, optó por una solución poco convencional: compartir vivienda con otra madre en su misma situación. De esta manera, podría obtener no solo ayuda, sino un ambiente de convivencia en el que sentirse comprendida y apoyada. Descubre su historia, y cómo esta decisión le ha permitido formar un hogar para ella y su hijo lleno de apoyo mutuo y nuevos lazos.
¿Qué te llevó a considerar la idea de compartir casa con otra madre en una situación similar a la tuya?
Tras la separación, mi situación de vivienda cambió drásticamente. Antes teníamos lo esencial, pero al quedarme sola con un único ingreso, encontrar un alquiler que pudiera asumir en solitario se volvió un reto inasumible. Mi familia no está en Madrid, así que no tenía la opción de volver a casa de mis padres. Solo quedaba la opción de compartir piso, pero claro, con un niño de 4 años, ¿dónde te metes? Ahí surgió la idea de buscar una mamá en mi situación con la que poder compartir hogar, y por qué no, también crianza.
¿Te costó mucho encontrar una vivienda adecuada que poder compartir?
Buscar vivienda ha sido una odisea. Los precios del alquiler están por las nubes, e incluso con la idea de compartir en mente, ha sido difícil dar con una casa que cumpliera con lo que estaba buscando. Además, no era solo una cuestión de precio. Para mí era importante encontrar una vivienda en la que poder “echar raíces”, no estar simplemente de paso. Y eso me exigía, como madre que tiene a su cargo un hijo menor, encontrar un lugar adecuado y seguro para mí y para mi hijo, un lugar donde pudiera crecer feliz.
¿Cómo encontraste a tu actual compañera de piso?
La idea de compartir vivienda surgió en conversaciones con amigas y conocidas que pasaban por situaciones similares. Lamentablemente, esto es más común de lo que parece. Decidí poner un anuncio especificando mi situación, y en menos de 24 horas recibí una llamada de una mamá que buscaba piso para ella y su niña de 6 años. Nos pusimos a charlar y nos dimos cuenta de que las 2 buscábamos dar a nuestros hijos un ambiente estable donde disfrutar en casa con los niños. Y, además, teníamos una visión muy similar de la crianza. La verdad es que tuve una suerte increíble, fue como un flechazo.






