La Organización Mundial de la Salud (OMS) establece que cualquier nivel de ruido superior a 55 decibelios puede resultar perjudicial para la salud. Esto demuestra que, aunque a veces no nos paremos a pensarlo, tenemos que ser conscientes de la importancia de proteger nuestro hogar de la mayor cantidad posible de sonidos del exterior. Ya no sólo para un mejor descanso, sino también para una mayor salubridad.
Es importante tener en cuenta que los niveles aceptables de ruido en una casa se sitúan alrededor de los 30 decibelios (dBA), equiparables a un murmullo o una conversación en una biblioteca. Sin embargo, en muchos casos, estos estándares se ven comprometidos por ruidos molestos, ya sea provenientes del entorno aéreo (como el ruido del tráfico que se filtra a través de las ventanas) o de impacto, que son los ocasionados por caídas de objetos o pisadas fuertes que generan un sonido repentino y fuerte al chocar contra la superficie.





