Los jóvenes: los menores de 35 años tienen cada vez más dificultades para relacionarse con la vivienda. Son los más activos del mercado y quienes menos oportunidades tienen. Su mayor aspiración pasa por convertirse en propietarios, pero su situación laboral de inestabilidad y precariedad les impide ahorrar para dar la entrada de una vivienda, por lo que se ven obligados a vivir de alquiler. Las ayudas a la compra son fundamentales para impulsar que este colectivo pueda rebajar la edad de emancipación.
Facilitar el acceso a la vivienda: debido al contexto social y macroeconómico, España entrará en recesión técnica. La fuerte inflación en bienes de consumo básico, como energía, alimentación y carburantes reduce el poder adquisitivo de los hogares y, por tanto, lleva a menores tasas de ahorro. Esto podría elevar el esfuerzo salarial de las familias y propiciar que destinen más del 35% al pago de la vivienda, lo que sería muy perjudicial.
Ampliar la oferta de alquiler: el 95% del parque de vivienda está en manos de pequeños propietarios. La administración debe proteger a los vulnerables y también ofrecer seguridad a los propietarios. Bonificaciones fiscales, seguros de impago y medidas incentivadoras para que pongan sus viviendas en alquiler. La colaboración público-privada resultará clave en el desarrollo de los parques de vivienda en alquiler públicos y sociales para poder aumentar los niveles a cifras que se asemejen a las de nuestros vecinos europeos. Uno de los mayores retos del sector a corto plazo es transmitir un clima de estabilidad y confianza en el mercado del alquiler.
Movilizar la vivienda vacía: la cantidad de propietarios con algún inmueble vacío crece conforme incrementa el número de viviendas que tienen a su nombre. Así, entre los propietarios de dos viviendas, hay un 10% que tiene alguna vacía y, entre los que poseen tres o más, el 23% está en esta situación. Estos creen positivos los incentivos fiscales y las ayudas a la rehabilitación como medidas que ayudarían a que pusieran sus viviendas en el mercado, y consideran que las políticas punitivas son desconcertantes. Esta sería una opción de mejora en determinadas zonas tensionadas, para evitar que la oferta existente siga desapareciendo.
Mantener el apetito inversor: el inmobiliario siempre ha sido un gran valor refugio frente a las crisis y la incertidumbre, para quienes buscan estabilidad en sus inversiones, por lo que las alteraciones en la normativa del mercado alejan la inversión. Agilizar trámites legislativos para el fomento de la vivienda de obra nueva será una buena opción.
Resiliencia de la banca: debido al contexto macroeconómico de subida de tipos, las entidades financieras tendrán un papel fundamental para evitar que se repitan desahucios como en años anteriores. La adhesión al Código de Buenas Prácticas para aliviar el encarecimiento hipotecario es un gran gesto que indica que la banca asistirá a las familias con dificultades.
Sostenibilidad: Una gran oportunidad se presenta en términos de eficiencia energética. En 2022, ya se ha visto una clara apuesta por un mercado inmobiliario más eficiente. Pero el sector necesita ser más resiliente y actuar con más rapidez para poder cumplir con el compromiso de la agenda 2030. Un movimiento que ya está puesto en marcha con los Next Generation, por lo que el gran reto será aprovechar realmente la ayuda europea en la tan necesaria rehabilitación de nuestro parque residencial. Del mismo modo, es importante la imagen que el sector proyecte, y es necesario que madure cada paso para que cada cambio refuerce la credibilidad del mercado inmobiliario de cara al exterior. La estabilidad siempre es la mejor garantía de confianza.