Hace dos años y medio el mercado inmobiliario español, especialmente el residencial, se vio bruscamente afectado por la pandemia. La crisis sanitaria llegó en el momento en que el ciclo inmobiliario se encontraba en una fase de madurez, con indicadores que denotaban una desaceleración tras un periodo de evolución positiva iniciado en el año 2014.
Las autoridades españolas adoptaron medidas muy estrictas para combatir la pandemia, lo que causó una parada drástica del mercado inmobiliario. El primer confinamiento fue a mediados de marzo del 2020 durante el cual íbamos observando estupefactos el impacto que el microscópico virus tenía sobre la población mundial. Poco a poco los países iban cerrando sus fronteras y consecuentemente la afluencia de los compradores extranjeros fue casi nula.
Durante las primeras semanas la parada del mercado inmobiliario residencial en todo el país fue total. Pero pronto algunas inmobiliarias, principalmente las que trabajaban con el mercado internacional, comenzaron, gracias a la tecnología (firmas digitales, tours virtuales, videollamadas, etc.), a vender inmuebles de forma totalmente virtual a aquellos extranjeros que supieron ver una oportunidad allí donde otros preveían una catástrofe duradera. Gracias al levantamiento parcial de las restricciones, aquel mismo verano la actividad inmobiliaria ya comenzó a recuperarse.





